**Con Rocío Nahle, las contradicciones sobre terrorismo salen a flote**
Rocío Nahle, gobernadora de Veracruz, reculó abruptamente al contradecir a su orquesta de títeres, perdón, a su fiscal, sobre la imputación de terrorismo al reportero Rafael León. La cosa es que, mientras Claudia Sheinbaum exige explicaciones, Nahle se deslinda y pide paciencia. Un toma y dame digno de telenovela.
En el drama, la fiscalía tendrá que responder a por qué se le endilgó a León el delito de terrorismo, algo que parece tan frecuente en México como ver unicornios en el Paseo de Reforma. ¿Será que la justicia en Veracruz fuma algo raro, o es solo desinformación pura?
Y mientras la bola de contradicciones crece, los abogados del reportero intentarán despejar dudas ante un cargo tan estrambótico como ver a un político con las manos limpias. La audiencia de León se celebra en un circo judicial a las 7 de la mañana, justo a tiempo para el desayuno.
Pero espera, que la cosa se pone buena. Tras la tormenta, la gobernadora defiende la libertad de expresión, ¡bravo! Pero claro, si te metes en aprietos y cometes algún «delito», entonces, amigo periodista, a cavar zanjas. Eso sí, la corrupción y las feas mañas, pues eso ni se menciona.
Ah, pero aquí viene lo mejor: la Fiscalía de Veracruz, ese ramalazo de transparencia y justicia, detiene a un reportero por terrorismo, encubrimiento y diatribas contra la «seguridad pública». Ni en una película de ciencia ficción se ven tantas majaderías juntas.
Entonces, ahí tienes a Veracruz, tierra de la impunidad y las ocurrencias de última hora. Con una fiscalía de estreno, Lisbeth Jiménez, que arranca con todo al detener a un reportero sin sacarse el dedo del ojo. ¿Justicia o show de variedades? Nunca lo sabremos.
Así que mientras el circo sigue su función, y los titiriteros mueven sus hilos, la prensa libre sufre el embate de los poderosos. ¿Nos sorprende? Ni un poquito. Ahí sigue Veracruz, en su nube de terrorismo y corrupción, sin dejar títere con cabeza ni reportero sin chaleco antibalas.
