**Jerome Powell acusa al gobierno de Trump de amenazarlo por testimonio ante Senado**
La maroma de Trump cada vez más vergonzosa. El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, saca los trapitos al sol y asegura que la administración del puerco naranja lo amenazó con meterlo al bote si no se alineaba con los caprichos del payaso en jefe. Y esto, ¿por qué? Porque Powell se atrevió a dar su opinión en el Senado sobre un arreglo de lujos para renovar edificios de la Fed. Trump, en su ego de niño rico malcriado, no soportó las verdades que le dijeron.
El drama se pone tenso cuando Powell suelta que este chantaje es solo un pretexto para forzar a la Reserva Federal a bajar las tasas de interés, tal y como el mandamás Trump lo quiere. ¿Y qué hace Trump mientras tanto? Ejerciendo su poder como el matón del barrio, pidiendo recortes a la Fed a cambio de no mandarlos al slammer. Todo muy legal y transparente, ¡eh!
Pero ahí no acaba la novela. Powell, más claro que el agua de un charco, denuncia que no hay razón alguna para amenazas penales por dar su opinión en el Senado. Pero Trump, que ni idea tenía de lo que significa la separación de poderes, decide sacar la artillería jurídica para controlar lo incontrolable: el cerebrito de Powell y su Reserva Federal.
Trump quiere bajar las tasas, como pidiendo un favor a la abuelita, y le importa poco el Estado de derecho o lo que sea correcto. Para él, si es por el poder y su beneficio, vale todo. ¿Democracia? Solo en los libros de historia. Ahora falta ver cuánto más se desmadra esta trama digna de una película barata de mafia. Ni Tarantino se atreve con tanto absurdo.
