Comercios denuncian afectaciones
¡Qué sorpresa! Resulta que en las famosas romerías de la Ciudad de México, esos festivales tan coloridos y llenos de vida, la luz se la roban con diablitos. Sí, así como lo lees. Y claro, los vecinos y tianguis están que arden porque las variaciones de voltaje causan estragos en los negocios cercanos.
Imagínate a Guadalupe Valencia, toda una sufrida trabajadora de un local en la Avenida Oriente 95. La chisporroteadera que salió de la conexión pirata al poste le dejó sin luz. ¡Parecía fiesta de pirotecnia! Y claro, tuvieron que hacerle ajustes a los puestos, pero eso sí, llegaron los de la CFE (¡aplausos!) para arreglar la pachanga eléctrica.
Ah, pero eso no es todo. En un recorrido digno de película de terror, nuestro equipo de La Razón encontró todo un circo de riesgos en estas romerías. Líneas eléctricas bailando sobre los puestos, conexiones kamikaze a tableros y cajas de fusibles sin protección, y lo mejor de todo, ¡todo este relajo montado en árboles, ni en muritos! ¡Épico!
Por si fuera poco, la Norma Técnica NT-SGIRPC-IET-003-3-2023, que parece un trabalenguas pero en realidad es seria, establece que estos eventos deben pedir permiso a la CFE para tener luz. ¡Sorpresa, no lo hacen! Son tan pillines que usan diablitos cual Halloween adelantado.
Pero espera, ¡hay más! Resulta que la norma exige proteger los cables (no, no con condones, tranquilos) para evitar accidentes. Y por cada generador, debe haber ¡un extintor! Advertencia: en nuestros recorridos, ni un mísero extintor de polvo químico vimos. ¿Para qué, no? Si total, ¿qué peor puede pasar?
Y como cereza del pastel, el dueño de un taller mecánico en la alcaldía Venustiano Carranza, Juan Carlos Limón, lleva años quejándose de los desmanes que genera esta verbena anual con juegos mecánicos que se piranean la luz. A sus focos les brillan hasta los ojos, los mandan a fundir más rápido que una nieve en el infierno. ¡Pobres focos!
Pero ojo, esto no es exclusivo de una sola alcaldía. En Iztacalco la cosa está igual de caótica. Tableros en los árboles, cableríos conectados a los postes de luz, y hagan de cuenta que cada negocio es un polvorín con el juego de luces. Parece que están de fiesta, pero no, están sufriendo por la luz que sube y baja más que una montaña rusa.
En fin, amigos, en estas romerías la energía eléctrica se roba como pan caliente, mientras los comerciantes que sí pagan luz y renta se quedan viendo estrellitas en el recibo y las máquinas haciendo su propio show de apagones. Pero tranqui, ¡la fiesta sigue!
