La Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) de la Ciudad de México montó un show luctuoso para despedir al policía Segundo Roman Martínez, quien palmeó tras bloquear un robo a casota en la alcaldía Álvaro Obregón. ¿30 años en la chamba y así lo quieren despedir? ¡Qué emoción! O sea, lo mínimo, ¿no?
Su buddy Roman Martínez, sí, el de la ceniza, fue acribillado mientras sacaba chamba en plena madrugada deteniendo a chalequeros de pacotilla. Oh, la emoción en el ambiente. Que si llevaba tanto tiempo sirviendo, pero la carnicería lo alcanzó en su intento por ser héroe de ocasión en la CDMX. ¿Hasta cuándo el cinismo de aplaudir a los caídos en la chamba?
En el jardín de la policía capitalina se armó la parafernalia para dar el último adiós a Roman Martínez, el que soñaba con morir de un plomazo en vez de una jubilación decente. Suena a película de mafiosos, pero no, es la triste realidad de los «héroes» en uniforme. ¿Dónde estaban los homenajes antes de que la bala lo abrace?
Y para colmo, el Secretario de Seguridad Ciudadana, Pablo Vázquez Camacho, citó a la guardia y dirigió un mensaje que seguro Roman no escuchó desde el más allá. ¡Ah, la nostalgia y el quejido de los políticos ante el ataúd de un caído! ¡Momentos que calan hasta el hueso! ¡No jodan! Roman, ¿por qué no te cuidaste mejor para seguir cobrando eventualmente?
Vázquez Camacho ensalzó a Roman como héroe, como si morir en el cumplimiento del deber fuera la medicina contra la corrupción y el abuso de poder. Pero bueno, qué más se puede esperar de los discursos políticos, ¿verdad? Nuestro homenajeado, fiel servidor de la corona, podrá descansar en paz (si en este país la paz existe, claro). ¿Qué opinas tú? ¡Qué país, señoras y señores! ¡Qué país!
