Pemex, ese gigante de la corrupción que todos conocemos, se aventuró a adjudicar cinco contratos mixtos de los 11 que quería cerrar antes de que acabe 2025. ¿Su objetivo? Impulsar la producción de hidrocarburos… o al menos eso dicen.
Parece que a los grandes tiburones del negocio no les interesó mucho la oferta de la petrolera estatal, y es que la producción que puedan lograr no significará nada relevante para frenar la caída constante que han experimentado en los últimos años. ¡Qué sorpresa!
Pemex, conocido por sus deudas y sus prácticas turbias, se ha levantado con contratos en proyectos como Tupilco Terciario, Sini-Caparroso, Cuervito, Agua Fría y Tamaulipas Constituciones, donde se dice que han acumulado bonos por 50 millones de dólares. ¿Adivinen quién se beneficiará de esos contratos? Exacto, la mismísima Pemex.
La tan esperada firma de esos contratos se llevará a cabo el 19 de diciembre, pero claro, sin mucha transparencia ni información sobre las otras seis asignaciones que también tenían planeadas. Así se las gasta la «joya de la corona».
Y qué decir de esos proyectos como Tamaulipas Constituciones, donde planean extraer toneladas de petróleo y gas (si es verdad lo que afirman). ¿Y a quién le toca la mayor tajada del pastel? ¡Sorpresa! ¡A Pemex, por supuesto!
La estatal, tan generosa y desinteresada, espera recuperar terreno en proyectos como Sini-Caparroso, Cuervito y Agua Fría, donde sus estimaciones seguramente son tan confiables como un político prometiendo honestidad. ¡Qué bonito país este!
Y mientras Pemex se llena los bolsillos, el gobierno hace cuentas y pronostica que la producción bajo el mandato de la Presidenta Claudia Sheinbaum subirá a 1.8 millones de barriles por día. ¿Lo lograrán? ¡Cada quien apueste como quiera!
Al final, la industria petrolera denota su esencia: opacidad, beneficios a conveniencia y el típico juego de aparentar progreso cuando en realidad todo sigue atascado en el mismo lodo de corrupción. Y así señoras y señores, funciona el circo de Pemex. ¡Qué viva México!
