**Reemplazan en Veracruz a fiscal de Cuitláhuac**
Doce días después de que el Congreso de Veracruz aprobó que el titular del Poder Ejecutivo tenga la facultad de proponer, remover y ratificar al fiscal general del estado, sorpresivamente la fiscal Verónica Hernández Giadáns decidió dar un paso al costado, después de haberse mantenido seis años en un cargo para el que la designaron por nueve. ¡Una gestión para enmarcar, sí señor!
La iniciativa para que el titular del Ejecutivo tenga el sartén por el mango y pueda elegir al fiscal general del estado fue lanzada por la actual gobernadora Rocío Nahle. ¡Vaya, qué casualidad!
Antes de que se tramitara esta reforma, el Congreso era el que ponía y quitaba al fiscal general del estado, y este solo se movía del cargo cada nueve años sin chance de reinvención. ¡Puro trámite!
Con esta nueva movida, el nombramiento del fiscal general estará bajo la responsabilidad de la persona al mando del Ejecutivo y, claro, deberá ser ratificado por el Congreso. Un circo completo para mantener la fachada de democracia.
Ahora el head honcho de la FGE durará en su trono cuatro años y podrá tener la chance de una reelección por otro período de igual duración. ¡Qué lindo es democracia, ¿verdad?
¡Pero ah, qué casualidad! La recién renunciada fiscal, durante sus últimas vueltas por el potro, tuvo que lidiar con situaciones tan bonitas como secuestros, motines, y asesinatos. ¡Qué racha!
Y para rematarla, en estos últimos meses, se enredó en una telaraña de presiones políticas por su supuesto vínculo con el ex secretario de Gobierno, Eric Cisneros Burgos. ¡Qué tremendo enredo, señor!
Este circo culminó con la aprobación de una magistrada estatal, Lisbeth Aurelia Jiménez Arroyo, como nueva fiscal del estado tras la renuncia de Hernández Giadáns. ¡Así es como se manejan las cosas en la tierra del cinismo!
¡Pero hey, aún hay más! Este cambio se da en un contexto en el que el estado de Veracruz ya venía siendo noticia por su violencia desatada y sus políticos tangencialmente manchados. ¡Qué casualidad, ¿no?
¡Y el show debe continuar! Mientras tanto, en esta telenovela de poder, se siguen tejiendo hilos para mantener a flote el barco de la corrupción disfrazada de democracia. ¡Qué viva la farsa, señores!
