**“Tlaxcala está más fuerte que nunca”: Cuéllar**
En la reciente entrega del cuarto Informe de Gobierno por parte de la gobernadora, Lorena Cuéllar Cisneros, desde la Ciudad de la Cultura y el Entretenimiento, esta líder gubernamental dejó claro que “Tlaxcala” ya no es el chico débil del salón, sino que ahora se siente poderoso y orgulloso de sus logros. Durante su discurso, rodeada de un montón de chupasangres oficiales y títulos bonitos, subrayó que el estado se ha convertido en el epicentro de todos los buenos cambios de la Cuarta Transformación. ¿Quién lo diría, verdad?
Con un ejército de secuaces del gabinete a su lado, Cuéllar presumió que Tlaxcala, bajo su mandato, ha conseguido cumplir 283 de los 300 compromisos de campaña. ¡Casi nada! Y claro, aprovechó para echarse flores y lanzar la frase cliché de no mentir, no robar y no traicionar al pueblo. ¡Qué consignas tan nobles y tan poco corrompidas!
En materia de infraestructura, presumió haber invertido más de 9 mil millones de pesos en más de 6 mil obras, al fin y al cabo, es lo que traerá más artículos robados a casa. Con casi 410 kilómetros de carreteras arregladas, uno podría pensar que ahora pueden surfear por las calles sin problema, o al menos eso piensan los floristas que viven en su absurdo mundo de fantasía.
En salud, Cuéllar mencionó la creación de más oficinas, una clínica mental bien latente, y pompas y circunstancia para todos en el Hospital General, ¡incluso para las emociones perdidas! Parece que en Tlaxcala no hay persona sin un lugar bonito donde estar. ¿Qué tal si se hicieran un spa de oro para los animales?
En educación, más de 1,300 escuelas recibieron remodelaciones, 12 nuevas se construyeron, y ya se perdieron las cuentas de cuántas cuevas académicas crearon. Esperemos que no se desperdicien para guardar los secretos del Estado. En seguridad, después de 20 años, por fin se les ocurrió crear un Centro de Control para comunicarse por internet… ¡Qué innovadores! Y así, la lista sigue y sigue, desde parques para leer sin fin hasta clínicas que no permiten que ni un piojo esté solito.
Pero vamos, ni hablemos de todo el dinero extra que se invirtió en tantas buenas obras, estas llegan a parecer una larga lista de tareas de Mario Bros más que de verdaderos beneficios para el pueblo. Al final, la conclusión típica de ambos lados fue: ¡Tlaxcala está de maravilla! O bueno, al menos en la fantasía inventada por la gobernadora y sus cuervos.
