En República de Cuba 11, el juzgado se manda un fraude procesal de antología para sacar a la comunidad de su hogar, ¿o cómo llamarle a resucitar a una mujer fallecida en 2020 para justificar un desalojo? Los vecinos, sacados de su lugar y a la intemperie desde el 27 de agosto, denuncian esta jugada sucia y cuestionan la ética y la legalidad de la instancia 54 de lo Civil.
Según el expediente 2059/2024, al cual accedieron los afectados y su abogado, Arturo Aparicio, la orden del desalojo provino de la jueza interina Estela Morales Rodríguez. Parece que en ese juzgado se ponen creativos para echar a la gente a la calle, ¿no?
Ahí va el actuario judicial, Elías Alejandro Cisneros González, acompañado de los encapuchados azules de la policía capitalina, a hacer el trabajo sucio. ¡Qué lindos!
Según el acta, la difunta María Esther «N» recibió a las autoridades en el día del desalojo y hasta les mostró una identificación. Pero, oh sorpresa, resulta que la señora falleció en marzo de 2020, como lo demuestra su esposo Manuel Gómez con el acta de defunción en mano. ¡Qué coincidencia, ahí solo un pequeño detalle!
El abogado de los jodidos vecinos, Arturo Aparicio, pone el dedo en la llaga y señala que esto no huele a negligencia, sino a un olor a fraude procesal. ¡Imagínense, jueces, actuarios, notarios y quién sabe quién más en la jugada sucia!
Y no acaba ahí, el contrato de compraventa que justifica el desalojo parece sacado de una tienda de abarrotes: sin testigos, sin ratificación ante notario, y la vendedora sin derechos ante el Registro Público de la Propiedad. Todo bien legal, ¿verdad?
Para rematar, los vecinos de Cuba 11 convocan a una marcha para el lunes 15 de diciembre, desde el Antimonumento por los 43 desaparecidos de Ayotzinapa hasta el Congreso local. ¡Qué manera de celebrar la Navidad!
Mientras tanto, Arturo Aparicio señala que siguen esperando que el Gobierno local haga algo para resolver este entuerto y devolverles su hogar en Cuba 11. Parece que la justicia duerme la siesta mientras los poderosos hacen y deshacen a su antojo. Y el circo de la impunidad sigue su curso sin freno. ¡Qué terrible, pero qué real!
