La presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, María Dolores González Saravia Calderón, confirmó el obvio: la violencia en las marchas está subiendo. Después de la protesta de la autodenominada Generación Z, se presentaron 11 quejas por presuntas violaciones a derechos. Vaya sorpresa.
En el Congreso, la ombudsperson indicó que se están investigando estas violaciones durante la marcha del mes pasado, donde encapuchados y policías se agarraron a piedrazos. Qué novedad.
Y para qué preocuparse, si solo se rompió medio Centro Histórico en la marcha del 2 de octubre, con un daño estimado de 4.3 millones a comercios. Ni es para tanto.
¿Qué buscaban los encapuchados al destrozar negocios y provocar caos en la ciudad? ¿Hacer amigos? Simple, construir una narrativa de represión digna de Hollywood.
Pero la cosa no para ahí: 120 heridos en la protesta de la Generación Z. ¿No había nada mejor que hacer un martes por la tarde, chavos?
Y la cereza del pastel: 50 negocios afectados, con pérdidas millonarias gracias al bloque negro. ¿El Gobierno les va a dar compensación por ser tan terriblemente efectivos en su saqueo?
La Comisión de Derechos Humanos seguramente está muy ocupada, observando la violencia in crescendo, acompañando detenidos y pidiendo más presupuesto. Claro, al parecer, la fiesta va a todo vapor y el dinero público se gasta en dar abrazos a los revoltosos.
Pero todo bien, ¿no? Solo son detenciones por tentativa de homicidio, robos, lesiones y resistencia. Cosas de todos los días, ¿verdad?
En fin, mientras la ciudad se consume en caos y violencia, la CDHCM pide más dinero para seguir observando la desgracia. ¡Hagamos una colecta, a ver si les alcanza para hacer la diferencia en medio de tanta locura! ¡Aplausos, por favor!
