¡Levanta la mano quien no esté sorprendido por el asunto de Luis Alberto Rueda Maldonado! El jefe de Vía Pública de la Dirección de Gobernación del ayuntamiento de Chilpancingo recibió un balazo mientras iba en su carrito por la colonia El Tomatal. ¿Casualidad o justicia poética?
¡Pues no! Resulta que este individuo era el encargado de sacarle lana a los comerciantes que se acomodan en las calles de Chilpancingo. Y parece que a alguien no le gustó ese rollo de pagar impuestos. Total, que llegaron unos tipos, le dijeron «¡hola!» con balas frente al parabrisas y chao.
Para variar, lo transportaron de emergencia a un hospital, pero ni así se salvó el cuate. La cosa era grave y pues… se le apagó el foco, ¿no?
La Policía Estatal y la Fiscalía General del Estado llegaron al pedo a investigar lo obvio. Ah, y el alcalde de Chilpancingo, Gustavo Alarcón Herrera, salió con su rollo de pedir «una investigación profesional, justa y expedita». ¿En serio, compa? ¡Claro, nadie quiere un chamba mal hecha!
El ayuntamiento lanzó su discurso de siempre, que Chilpancingo merece vivir en paz y que no quieren violencia. ¡Órale, qué novedad! Y para colmo, agarraron y dijeron que llevaban casi un año luchando contra la adversidad y poniendo de pie al gobierno. Sí, seguro, ¡con un funcionario menos!
¡Sí, señor! Este mundo está lleno de sorpresas y la corrupción parece ser el pan nuestro de cada día. ¡A jugar limpio, raza! ¡Y a pagar sus impuestos, nomás no vaya a salir otro jefecillo a sacarles unas monedas a balazos!
