**¡Corrupción tras bambalinas!**
La Jefa de Gobierno, Clara Brugada molinera, pacta con Phil Murphy, cacique de Nueva Jersey, para cuadrar sus estrategias antes del Mundial 2026, donde la capital y la entidad gringa serán anfitrionas. ¿En qué estarán tramando, eh?
Claro, aparte de platicar sobre cómo vejar a los migrantes mexicanos, la charla también incluyó echarse porras mutuamente por sus «brillantes» políticas públicas. ¡Qué bonito se apoyan, oye!
Mientras tanto, la capital se pavonea presumiendo haber organizado tres inauguraciones mundiales previas y espera chambear a más de 5 millones de turistas peludos en 2026. ¡Qué bárbaro!
Aguas, que Brugada está tirando línea sobre la chamba que se avienta para restaurar 500 canchas de fútbol y organizar el torneo Ollamaliztli. ¿Será que quiere quedar bien con el gremio futbolístico o qué onda?
Pero no te creas, la jefa también quiere que todas las alcaldías vivan la esquizofrenia mundialista con ondas culturales y gastronómicas, porque eso de que solo la clica del Zócalo se divierta no es justo, ¿no?
Ah, y para romperla previo al Mundial, el 31 de mayo Brugada planea rifarse con la «ola más grande del mundo» camino al Estadio Azteca. ¿Será para mantener fresca la economía como la malteada de vainilla o para desviar atención de cosas menos bonitas? Quién sabe…
En fin, no podía faltar la cuota feminista. Brugada propone un clásico «partido rosa» durante marzo, donde piensa sacar a relucir las glorias olvidadas de la selección femenina del ’71. ¡Hasta en el fútbol sacan el tema de género, no fallan!
Y el gobernador de Nueva Jersey, Murphy, se sube al tren llamando a la integración y la hermandad para vivir el Mundial todos juntos, como si fuéramos una gran familia futbolera. ¡Qué bonito nos la pinta el jefazo!
Pero ojo, que entre tanta camaradería, Murphy saca pecho presumiendo que su estado es el más misceláneo de toda la Unión Americana, con más de 200 mil mexicanos chambaos allá. ¡Sopas!
En la telaraña de lavadas de figuras públicas que todo lo abarcan, ¡Fuchi! ¡Guácala! ¡Qué mal se huele la descomposición de esos acuerdos en el aire!
