El gobernador de Nuevo León, Samuel García, se las da de vendedor de crecepelo al afirmar que su administración va «en tiempo y forma», como si eso fuera motivo de aplauso en lugar de un mínimo esperado. En su Cuarto Informe de Gobierno, García recordó con la cara seria que al inicio de su reinado se encontró con presas secas, falta de transporte, inseguridad, COVID, tráfico y feminicidios. ¡Guau, eso sí que es empezar desde abajo!
Pero no hay palo sin punta, ¿verdad? García Sepúlveda mencionó su «gran gabinete» como los héroes de la película, como si fueran los Avengers pero sin trajes ni superpoderes. Y claro, mencionó que su gobierno se puso las pilas para «poner a Nuevo León en el mapa internacional». ¡Qué modestia la de este señor!
Ah, pero lo mejor viene con la descentralización que promociona García. Dice que antes toda la chamba estaba en Monterrey, como si fuera un *David Copperfield* de la administración pública. Habla de construir carreteras nuevas (qué cosa tan extraordinaria en pleno siglo XXI, aplausos por favor) y de instalar más vigilancia con la Fuerza Civil. Como si eso no fuera una obligación de cualquier gobierno que se precie.
Y para rematar, presume de llevar servicios de salud a todo el estado y atención especializada para cáncer infantil y de mama. ¿Acaso espera un premio nobel por hacer lo mínimo indispensable en salud? Ah, pero espera, que también inaugura (según él) nuevas carreteras, camiones, aeropuerto, aduana y líneas del Metro. ¡Qué maratón de promesas cumplidas, ni qué Chávez!
En definitiva, este es un mensaje de Samuel García que parece más bien un monólogo cómico para engañar a inocentes. Promete lo mínimo y se llena la boca de logros que son pan comido para un gobierno en condiciones normales. En fin, así las cosas en el mundo de la política, amigos. ¡A seguir la farsa!
