Durante la 89 Convención Bancaria, Justin Trudeau, ese ex primer ministro canadiense que parece más preocupado por lo que pasa en México que por los escándalos en su propio país, tuvo la brillante idea de venir a recordarle a los mexicanos lo importante que es mantener una postura firme en la revisión del T-MEC. Como si necesitáramos a un señor de otro país diciéndonos cómo hacer nuestro trabajo.
Trudeau, que parece que se la pasa en México más que en su casa, soltó su verborrea en la convención, ahí nomás, para decir que México no debe temer ser firme. Claro, para él es fácil, desde su torre de marfil, abrir la boca y dar consejos mientras a nosotros nos toca lidiar con presiones externas y un montón de incertidumbre que él ni siente.
Según este señor Trudeau, la firmeza en la negociación será vital para que el acuerdo comercial en América del Norte se mantenga a flote. Como si los mexicanos necesitáramos que un extranjero nos lo diga. La cosa es que, mientras él da discursos bonitos, en el mundo real, las inversiones se frenan y las decisiones importantes se postergan. Pero ¡qué importa, verdad, si seguimos las sabias palabras de Justin!
Trudeau dice que el mayor riesgo no es la revisión del tratado, sino que ésta se convierta en una renegociación agresiva. Claro, como si fuera tan fácil como cambiar de camisa. Mientras él habla de diálogo y firmeza, aquí en México estamos lidiando con un juego político que nos pone en jaque y que afecta a todo América del Norte.
En resumen, Trudeau vino con sus consejos de estadista a un país que ya tiene bastantes problemas propios, para decirnos que mantengamos la calma, seamos firmes y todo saldrá bien. Como si la realidad fuera tan sencilla como sus discursos bonitos. Mientras tanto, aquí seguiremos lidiando con la incertidumbre, las presiones y las decisiones difíciles, sin necesidad de que nos recuerden lo obvio desde el extranjero.
