Por fin se acuerdan de que existe México en el tablero mundial del comercio. Marcelo Ebrard, el secretario de Economía, sale a aullar que llegan “bien equipados” a una reunión bilateral con Estados Unidos. Habla de reducir la dependencia comercial con otras regiones, ajustar reglas de origen y garantizar cadenas de suministro. ¡Vaya revelación! Parece que acaban de descubrir el agua tibia.
¿Cuál será la próxima innovación del siglo? Una segunda ronda de conversaciones, algunas por Zoom y otras en persona. ¡Qué modernidad! Ebrard se codea con el embajador gringo Jamieson Greer para hablar del T-MEC, un tratado comercial que suena más a ruido blanco que a beneficio real. Por cierto, qué casualidad que solo invite a los estadounidenses, ¿acaso Canadá no merece estar en la estrambótica fiesta?
Emilio Romano Mussali, presidente de la Asociación de Bancos de México, sale a hacer proselitismo barato. Asegura que México es la joya de la corona en la manufactura norteamericana. ¡Qué orgullo! ¿En algún momento se preguntaron si esa manufactura genera bienestar para los de a pie o solo engorda cuentas bancarias?
La región de Norteamérica nunca será la misma tras la alucinante revisión del T-MEC. ¡Qué emoción! Todos saldrán fortalecidos, dice Ebrard, pero una vez más, ¿a costa de quién? Parece que este circo comercial sigue sin cambiar de guion, una y otra vez.
México, el País de las Maravillas Comerciales, ahí anda, siendo la pieza clave que mantiene a flote a Canadá y a Estados Unidos en la carrera contra la competitividad mundial. ¿Y nosotros? Bueno, nosotros a seguir comprando la idea de que nuestro papel en este juego es crucial, aunque siempre parezcamos quedarnos con las migajas del pastel.
Seguro sí, Emilio, ¡sigamos creyendo en el cuento de hadas del libre comercio que traerá bienestar para todos! Porque, como siempre, una persona informada tiene La Razón (o al menos eso quieren hacernos creer).
