En plena alcaldía Cuauhtémoc, un edificio se vino abajo en la Calzada de San Antonio Abad. ¿La sorpresa? La secretaria de Gestión de Riesgos y Protección Civil (SGRyPC), Miriam Urzúa, soltó la bomba: ese edificio estaba podrido desde los sismos del 85 y 2017. ¡Pócate, qué hallazgo!
«¡Vaya, este edificio ya venía arrastrando miseria desde los temblores del 2017 y de cuando Niurka y Yuri brillaban!”, soltó la tipa encargada de Protección Civil de la CDMX con la boca llena de razón.
Pero eso no es todo, resulta que ese edificio estaba tan mal que ya lo tenían en la mira para mandarlo al suelo. La cuestión es… ¿dónde diablos estaban esos datos antes de que la gente quedara atrapada?
¡Notición! Ya tenían maquinitas echando abajo ese edificio. Claro, a cargo de una contratista privada porque ni madres que los del gobierno metan mano en eso. ¿Y si era habitable después del temblor de los 85? Ni modo, las verdades incómodas nadie las contó antes.
¿Y los afectados? Pues cuatro cuates quedaron atrapados desde el tercer piso hasta el subsuelo. Qué poca madre, ¿verdad? Al final, uno la libró y al descansar podrá decir: «¡yo sobreviví al declive del edificio desmadroso!».
¿Y la ayuda? Ni tardo ni perezoso, llegaron los héroes de capa: el Ejército Mexicano y la SEMAR. ¡Oh, Dios mío! Los rescatistas empiezan a picar piedra para sacar a la banda bajo los escombros.
¡Atrá’! Ya hasta tienen bien ubicadas a las posibles víctimas gracias a los binomios caninos. Aunque de comunicación anda corta la cosa, al menos saben dónde rascar primero.
Pero ojo, descartaron chingar al Metro de la Línea 2 con el cierre por el rescate, así que todo bien, ¿no? No afectaron ni a los chavos del Metro ni a los vecinos de la zona.
¿Y la moraleja? Que esa papa caliente no les explote alguna vez, porque con esos antecedentes mejor le rezan a San Juditas para que no les caiga un mendigo temblor de nuevo. ¡Ahí te hablan, Cuauhtémoc!
