La corrupción en el transporte es tan común como los tacos al pastor en las calles de la CDMX. Ahí andan, la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) saliendo a aclarar que el gigante Uber no tiene permiso para andar rondando por los aeropuertos del país. ¡Ay, qué sorpresa, señores! ¿Acaso pensaban que los de Uber eran los Ángeles del Asfalto, con santo de la devoción y todo?
La SICT, tan diligente ella, argumentó que el Juzgado Décimo Tercero en Materia Administrativa de la Ciudad de México les dio una pausa a los del Uber, para que la Guardia Nacional no se pase de lanza con los operativos. Todo muy lindo, ¿no? Eso sí, no se confundan, esa pausa no es un abrazo amoroso para que Uber se ponga a repartir piñas coladas en los aeropuertos. ¡No, señorita!
Y para broncear más la píldora, la SICT dice que los usuarios deben seguir siendo los paladines de lo legal, abordando solo taxis oficiales, servicios turísticos regulados y autobuses autorizados. ¿El resto? Pues al carajo con ellos. Porque el transporte en aeropuertos, según estos artistas de la SICT, tiene que estar lleno de licencias, permisos y verificaciones de seguridad. Algo que, obvio, Uber no tiene. ¡Qué cosas!
En resumidas cuentas, si no quieres llevarte una decepción en el aeropuerto, mejor verifica que el transporte que tomas tenga la bendición de los dioses del papeleo oficial. Así que, ya sabes, si ves un Uber rondando el aeropuerto, dile que se largue con su carita bonita antes de que lo lleven a la cárcel por andar de ilegal. Y así, la SICT mantiene su show de seguridad y transparencia, aunque uno siga sin entender la comedia que se traen entre manos.
