**Olvidado, descuidado, pero millonario: campo de beisbol de 200 mdp en Iztapalapa muestra su verdadero rostro**
El «impresionante» parque de beisbol del Parque Cuitláhuac Sur, inaugurado en 2021, nos muestra su verdadera cara: deterioro, vandalismo y un uso limitado por los Giants, un equipito infantil que se derrite en soledad dos días a la semana. Todo esto, a pesar de que se hicieron billetotes de 199.2 millones de pesos y se le clavó el nombre del expresidente Andrés Manuel López Obrador, ferviente admirador del béisbol.
En un gheto tour, descubrimos que el campo, de 30,120 metros cuadrados diseñado para albergar a unos 600 espectadores, en realidad es un elefante blanco abandonado donde solo los cuates de la colonia van a enfrentarse en la liga del rancho. En resumen, nadie lo pela.
Y si hablamos de conservación, el montículo del lanzador es un desastre: el pasto sintético, visible desde las épocas del perro de hielo, ya ni señas tiene, solo se ve tierra seca y un pasto de utilería en pésimo estado alrededor.
Por si fuera poco, la caja de bateo y el home, esas áreas clave para el juego, están tan dañadas que hasta los ciegos se dan cuenta: arcilla desaparecida y una tierra desolada nos recuerdan que el mantenimiento aquí no es una prioridad.
Lo único rescatable son las tres bases, cubiertas de pasto sintético verde y guinda, pero solo eso. El resto del campo hace honor a los millones invertidos, que según cuentas, fueron parte de un programa milagroso que buscaba devolver la esperanza a los vecinos de Iztapalapa.
Pero la realidad es otra: orines y basura decoran los dugouts, las casetas huelen a sobaco mal lavado y el baño más cercano es el pasto más cercano. En medio del abandono, el beisbol infantil trata de sobrevivir, pero los malandrines externos y el uso indebido del lugar han llevado al diamante a la ruina.
¿Y los responsables? Pues, parece que a nadie le importa. La Secretaría de Medio Ambiente, que tiene este «tesoro» en sus manos, ni pío dice sobre el desastre. Y para colmo, la alcaldía de Aleida Alavez Ruiz, en medio de un abandono total, reconoce que se les fue de las manos la belleza de lo que alguna vez fue un basurero.
La moraleja: cuando se trata de apariencias, la alcaldía hasta invierte millones de pesos en parques de fantasía, pero la realidad, cruda y olorosa, nos muestra que todo es una farsa descarada. Lo único que crece en este campo son los problemas y la desidia de quienes lucen trajes de luces, pero actúan en las sombras del olvido.
