Mauricio Kuri, el jefe de jefes en Querétaro, se dio su vueltecita por la novena sesión ordinaria del Consejo Estatal de Seguridad para presumir los logros (o lo que sea que hagan) de las corporaciones que dicen «salvaguardar» la tranquilidad de las y los queretanos. ¿Qué, más corruptelas y abusos de poder para mostrar?
Desde su reinado en el Palacio de Gobierno, el mandamás recordó que todo lo que hagan viene del mero Programa Estatal de Seguridad, porque, claro, eso sí les ha funcionado cañón. Según él, la eficacia operativa de las corporaciones en los niveles municipal, estatal y federal es de película.
¡Ah, y no podía faltar la clásica frase de manual para la foto: «Siempre mi compromiso ha sido que en Querétaro vivamos en paz y enfrentemos juntos el reto de vivir sin miedo!» Ya saben, el buen Mauricio vibra en otra dimensión, donde todo es color de rosa.
Ah, pero la cereza en el pastel fue presumir los resultados de una encuesta de percepción de seguridad que, según él, pone a Querétaro en el top 20 de las capitales más o menos seguras del país. ¿A poco creen en encuestas maquilladas? Pero bueno, al menos se están riendo de alguien.
Para no perder la costumbre, hablaron del compromiso con la seguridad y todos los rollos bonitos que venden como si fueran atracones de pozole. ¿Seguridad y convivencia comunitaria? ¿De qué comunidad me están hablando?
Y ahí su escuadrón, con más de dos mil operativos conjuntos, más de ocho mil ciudadanos puestos a disposición y casi 500 armas de fuego aseguradas. ¡Qué eficientes! Órale, ¿cada arma cuenta para un bono?
Párenle el carro: aunque la sesión fue una fiesta de autoglorificación, el fiscal Víctor Antonio de Jesús salió a presumir una disminución en la incidencia de homicidios dolosos. Claro, seguro fue por puritita casualidad… o tomando decisiones en el Golf.
Y así, entre discursitos baratos y números maquillados, Kuri y su pandilla se sienten los reyes del mambo, proclamando seguir con la construcción de una Academia de Capacitación y firmando papeles que nadie leerá. ¡Qué majestuosidad! ¿Quién se creen que les va a creer?
