**Riñen munícipes morenista y petista**
En un show bochornoso, el síndico Johard Cruz Delfín se lanzó como macho alfa a la oficina de la alcaldesa de Lerdo, Veracruz, Flor María Sosa Zamudio, con amenazas de muerte fluyendo en el aire. Y claro, como estamos en la era del chisme digital, todo quedó registrado en un video que se viralizó más rápido que reguetón en antro de mala muerte.
La cosa escaló rápido y el síndico petista tuvo que salir con el rabo entre las patas de la oficina, escoltado por los fuertes guardaespaldas de la alcaldesa. ¡Qué valiente!
La grabación sacó a la luz el momento exacto en el que el síndico, del PT, irrumpió a lo bruto en el despacho de la presidenta municipal morenista, y luego ella salió como fiera herida a enfrentarlo.
Como buen cotorreo de vecindad, se escuchan los reclamos de la alcaldesa, «¡Me estás amenazando, eh ca…, nada más te lo digo, me estás amenazando, no se vale!», para seguir con un intercambio de tiraderas de arena nivel secundaria, «¡Es que tú empezaste, cab.., a mí me faltaste el respeto!», dijo la presidenta. Y el síndico respondiendo con la misma moneda de cambio, un verdadero duelo de egos en plena plaza pública.
Ahora, el motivo del circo no está muy claro, pero eso no importa, porque lo importante es el show. Al parecer, todo empezó cuando el exalcalde, hijo de la alcaldesa, le puso una calentadita y unas sentadillas al síndico adentro de la alcaldía. ¡Nada mejor que resolver diferencias internas a puño limpio!
La trama se complica más que una telenovela de las buenas, ya que desde julio de 2025, la presi dio el brinco del PT a Morena y ahí empezaron los conflictos familiares. El PT echó la sopa, denunciando violencia y metidas de mano indebidas por parte de los cuates de la alcaldesa en el gobierno local. ¡Qué bonita familia!
En fin, una historia más de nuestro México mágico y surrealista, donde los políticos pelean como vecinas chismosas por el puesto de la mejor tamales en la cuadra. Permanezcan atentos a este canal de enredos que nunca duerme, porque seguro se traen más sorpresas dignas de barrio de malas pulgas. ¡Ah, qué emoción!
