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Los siguientes 90 días después del Mencho

by Yolanda Sánchez Gastelum

El día después de “El Mencho” y el verdadero examen para Claudia Sheinbaum

La caída de Nemesio Oseguera Cervantes, líder histórico del Cártel Jalisco Nueva Generación, no es solo un golpe policial. Es un parteaguas político. Un evento que obliga a redefinir el equilibrio entre Estado, crimen organizado y narrativa de poder en México.

Si el siglo XXI mexicano ha estado marcado por la figura de los grandes capos y por las estrategias presidenciales frente a ellos, este episodio inaugura una nueva etapa: el primer gran desafío de seguridad para la presidenta Claudia Sheinbaum.

Pero lo verdaderamente relevante no es el operativo. Es el día después.

El significado profundo: poder simbólico vs. poder territorial

La muerte o detención de un capo tiene tres dimensiones:

  1. Simbólica: cae el rostro del miedo.
  2. Operacional: se altera la cadena de mando.
  3. Territorial: se abre la disputa por el control de las rentas criminales.

En el caso del CJNG, la estructura nunca fue exclusivamente carismática. Fue logística, financiera y militarizada. Eso implica que la organización no desaparece: muta.

Históricamente, cuando un liderazgo tan concentrado cae, el resultado suele ser uno de tres escenarios:

  • Fragmentación violenta.
  • Sucesión ordenada con mando familiar o regional.
  • Radicalización para demostrar vigencia.

El riesgo inmediato no es la desaparición del cártel, sino su reconfiguración.

Claudia Sheinbaum frente a su momento definitorio

La comparación con Andrés Manuel López Obrador es inevitable.

AMLO:

  • Apostó por contención y programas sociales.
  • Evitó narrativas de “guerra frontal”.
  • Redujo el protagonismo discursivo del combate armado.

Sheinbaum:

  • Enfrenta un contexto internacional más presionado (fentanilo, elecciones en EE.UU.).
  • Tiene menor margen para ambigüedades estratégicas.
  • Necesita demostrar capacidad de control territorial inmediato.

Aquí está la diferencia central:
AMLO administró la violencia.
Sheinbaum debe demostrar que puede desarticular estructuras sin incendiar el país.

Si el Estado logra:

  • Contener represalias.
  • Evitar bloqueos prolongados.
  • Capturar mandos regionales.
  • Golpear finanzas y lavado.

Entonces el mensaje será claro: el Estado no solo ejecuta operativos, gobierna después de ellos.

Si no lo logra, el relato cambiará: “Se descabezó, pero no se controló.”

Las implicaciones nacionales: el riesgo del vacío

Cuando cae un líder con control vertical, emergen tensiones horizontales. Las consecuencias previsibles:

  • Incremento temporal de violencia local.
  • Disputa por plazas estratégicas.
  • Mayor presión sobre gobiernos estatales.
  • Incremento de extorsión como mecanismo de financiamiento rápido.

El verdadero termómetro no será el número de conferencias, sino:

  • Homicidios dolosos.
  • Bloqueos carreteros.
  • Control de puertos y aduanas.
  • Estabilidad en corredores logísticos.

El crimen organizado no se mide en declaraciones, se mide en control de rutas.

La dimensión internacional: soberanía bajo escrutinio

Estados Unidos ha colocado el tema del narcotráfico y el fentanilo en el centro de su agenda política. La cooperación en inteligencia será celebrada en Washington, pero observada con lupa en México.

Sheinbaum enfrenta un equilibrio delicado:

  • Cooperar sin parecer subordinada.
  • Mostrar resultados sin militarizar el discurso.
  • Defender soberanía sin aislarse.

El capital político internacional se construirá si México demuestra:

  • Reducción medible de tráfico.
  • Golpes financieros estructurales.
  • Control institucional sostenido.

No basta con capturar al jefe; hay que desmontar la red.

Lo que no hizo un hombre, lo hace una mujer

La frase tiene fuerza simbólica. Pero el poder no se valida en la frase, sino en la estabilidad.

Este episodio puede consolidar a Claudia Sheinbaum como:

  • Una presidenta con autoridad operativa.
  • Una líder capaz de combinar inteligencia y control.
  • Una figura que redefine la política de seguridad sin romper con su base.

O puede convertirse en:

  • Un punto de inflexión que exponga debilidades estructurales.
  • Un momento donde la violencia supere al relato.

La historia mexicana demuestra algo contundente: los capos caen; las estructuras sobreviven si no se transforman.

El futuro estratégico: tres líneas indispensables

1. Golpe financiero profundo

Atacar lavado, redes empresariales fachada y rutas de exportación. Sin asfixia financiera, la organización se recompone.

2. Control territorial visible

Recuperar carreteras, puertos y municipios con presencia institucional permanente, no temporal.

3. Blindaje político interno

Construir acuerdos mínimos con gobernadores, incluso adversarios, para que la seguridad sea política de Estado, no de partido.

El verdadero examen

La caída de “El Mencho” no es el final de una historia. Es el inicio de una prueba.

La pregunta no es si el Estado puede capturar a un hombre.
La pregunta es si puede gobernar el vacío que deja.

Si lo logra, será el momento en que una mujer redefinió la política de seguridad en México.

Si no, será solo otro capítulo en el ciclo interminable de violencia y reacomodo criminal.

La diferencia la marcarán los próximos 90 días.


Por Dra. Yolanda Sánchez Gastelum
Doctora en Sociología y Politóloga

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