El gobernador «cercano» de Yucatán, Joaquín Díaz Mena, se aventó con todo en su primer informe de gobierno. ¡Agárrense, que viene lo bueno! Destacó su «cercanía» con el pueblo y sus «programas sociales» que parecen sacados de un cuento de hadas. Todo en nombre del glorioso Renacimiento Maya, ¡qué honor!
En el Centro Internacional de Congresos, el mandatario soltó la sopa: Renacimiento es estar pegadito a la gente, ser empático, repartir dádivas para aparentar empatía y prometer acabar con las desigualdades. Vamos, todo un místico de la política.
20 años batallando con la plebe en todas las rancherías y aprendió que la oficina solo sirve para el aire acondicionado. ¡Horror! Que el gobernar sea desde el terreno, con el lodo en los zapatos. ¡Qué combo! Ojo y oído al pueblo, como si fuera novedad, pero ya sabes, la retórica se vende caro.
Ahí va el mansito prometiendo bajar la desigualdad, recorriendo todo el estado con la novedosa idea de escuchar a la gente. ¡Increíble! ¡Nunca nadie lo había pensando antes!
Spolier alert: las damas se llevan la palma. 31 centros para mujeres, 10 mil madres solteras en el programa «Mujeres Renacimiento». ¡Toma 3 mil pesitos bimestrales para que le eches ganitas con tus retoños! ¡Qué generoso! A estudiar o emprender se ha dicho, ¿qué podrías hacer con 3 mil pesos al mes?
En el ámbito educativo el show no para con más de 200 mil paquetes de útiles, uniformes, zapatos, chamarras y 890 becas para los vástagos de polis. ¡Qué bonito! Ojalá estudien bien y no sean como su papá.
Pero ahí no se detiene el show, las becas Juventud Renacimiento les tocan a los chamacos más pobres. ¡A estudiar, pero con la panza llena esta vez! Y en el campo, ni se diga, volvemos al arte con el Renacimiento Apícola y más. ¡Que Esparta!
¿Plaga de gusanos? ¡No en Yucatán! El gobernador asegura que la plaga no ha tocado sus tierras. Reforzaron seguridad, veterinarios hasta en la sopa, ¡qué organización!
En fin, un paraíso en la Tierra gracias al señor Díaz Mena. Que el vino y la miel fluyan por siempre en Yucatán, ¡qué maravilla! Pero cuidado, que el Renacimiento no nos ciegue con tanta belleza y promesas incumplidas. ¡Dale, Joaquín, te estamos viendo!
