Tras dos décadas de dimes y diretes, el Grupo Salinas, encabezado por el magnate Ricardo Salinas Pliego, por fin se decide a soltar la bolsa y paga al Servicio de Administración Tributaria (SAT) más de 32 mil 132 millones de pesos. ¡Qué generoso, oye! Seguro le sobraba el chavo en la alcancía.
Y claro, no podía faltar la justificación mediática: «A partir de ahora, no debemos nada al gobierno», declara el Grupo Salinas con su mejor cara de poker. Pero déjenme decirles que ese pago millonario no fue por amor al prójimo, sino para acabar de una vez por todas con las pendejadas fiscales que traían en la chepa.
Además, ¿sabían ustedes que estas empresas ya han soltado más de 300 mil millones de pesos en impuestos en las últimas dos décadas? ¡Pero qué sacrificio, mi chavo! De seguro les duele en el alma desprenderse de tan suculenta suma.
Ah, pero la fiesta no acaba ahí. El Grupo Salinas se compromete a seguir creando «prosperidad y valor» para México, sí, como si fueran la Virgen María repartiendo panes y peces. ¡Qué honor, qué humildad, qué ejemplo de desprendimiento! Es para soltar una lagrimita, ¿no creen?
En resumen, este pago es la forma que encontraron para darle la vuelta a la página y «poner fin» a este largo culebrón fiscal. ¡Ah, la emoción nos embarga! Porque ya saben, cuando un millonario paga sus impuestos, es como un acto de justicia, solidaridad y amor al prójimo. ¡Eso es lo que nos quieren hacer creer, amigos! ¡Viva México! ¡Viva la evasión fiscal! Ya ven que para algunos, las leyes son un consejo, ¡cómo no!
