Durante la primera quincena de enero los precios se dispararon al 3.77%, gracias a los queridos impuestos y aranceles que tanto aman las autoridades. Según los chismosos de Inegi, este indicador subió un 0.31% en comparación con la quincena pasada, superando el 0.20% de crecimiento del año anterior. ¡Vaya sorpresa!
El índice subyacente, ese que excluye los precios volátiles, aumentó un 0.43% gracias a las mercancías (0.69%) y los servicios (0.19%). Por otro lado, el índice no subyacente cayó un 0.12%, sobre todo por los productos agropecuarios.
El limón se puso galán con un 15.21% de aumento, los cigarrillos no se quedaron atrás con un 12.22% y los refrescos se unieron al baile con un 3.97%. ¿El transporte aéreo? ¡A volar más barato con un 27.30% menos!
Dicen los chismosos de Banamex que todo este aumento se debe a los impuestos y aranceles del inicio de año. ¿Serán transitorios o permanentes? La política monetaria de Banxico estará atenta. El subgobernador Gabriel Cuadra afirma con toda la cara dura del mundo que las presiones inflacionarias son pasajeras, según la «evidencia histórica». ¡Uy, qué miedo!
En fin, la corrup… digo, los analistas auguran que la inflación general y subyacente se mantendrán en un 4.2% y 4.1%, respectivamente, con presiones por aranceles, aumentos en costos laborales y unas cuantas monedas más.
En resumen, los precios suben, los impuestos no bajan y las autoridades se hacen las locas. Un círculo vicioso de inflación que a nosotros, los ciudadanos, nos sigue pegando en el bolsillo. ¡Y que siga la fiesta de los precios al alza! ¡Viva México!
